Abu Ahmad, único sostén de la familia, hizo todo lo que pudo para mantenerla desde 2011, cuando se deterioró la situación en Siria. El agua, algo tan básico, se convirtió en una lucha diaria.
Khadija vive con su marido y cinco hijos, ninguno de los cuales va a la escuela debido a su grave situación económica. El pueblo donde viven carece de servicios esenciales, lo que agrava sus problemas. Hasta hace poco, luchaban contra la escasez de agua.
Una participante en un programa de Acción contra el Hambre ha iniciado el proyecto con el objetivo de promover la inclusión social de las personas con discapacidad y sensibilizar a la opinión pública sobre la discapacidad.