Tres hermanas desplazadas en el sur de Líbano enfrentan enfermedad, pérdida de ingresos y refugios precarios, en una lucha continua por acceder a atención médica y condiciones de vida dignas.
El reciente alto el fuego no ha frenado el hambre, ya que no revierte la destrucción de mercados, la pérdida de medios de vida ni los nuevos desplazamientos
La reducción parcial de la violencia en el Líbano no pone fin a la emergencia humanitaria. La inseguridad, la destrucción y la falta de recursos marcan la vida diaria de incontables personas.
El alto el fuego no reduce las necesidades en el Líbano: el 24% de la población sigue sufriendo inseguridad alimentaria. Más de 1,2 millones de personas continúan desplazadas, entre ellas 390.000 niños.
En el Líbano, este año la ocasión coincide con una doble emergencia: por un lado, una sequía histórica que ya ha reducido al mínimo los niveles de los embalses; por otro, una escalada militar.
Nadira tiene 30 años. Huyó de Siria en 2013 y se instaló en el Líbano con su familia. Fue diagnosticada con cáncer de sangre y se unió al proyecto Cash for Work de Acción contra el Hambre.
El alto el fuego se ha violado miles de veces. Desde su entrada en vigor, el Líbano ha sido testigo de ataques con drones e incursiones aéreas casi diarios.