Somalia, cuya economía se basa en el pastoreo y la agricultura, se enfrenta a una crisis humanitaria prolongada marcada por el impacto recurrente de las sequías, la inseguridad alimentaria, los conflictos y los brotes de enfermedades. La escasez de lluvias y las condiciones climáticas extremas afectan gravemente a los medios de vida de millones de personas que dependen de la agricultura y la ganadería, provocando desplazamientos, pérdida de cosechas y un deterioro constante de la seguridad alimentaria.
La falta de acceso a servicios básicos de salud, nutrición, agua potable y saneamiento agrava una situación que afecta especialmente a la infancia y a las comunidades más vulnerables. La desnutrición aguda continúa siendo una de las principales amenazas para la población, con cientos de miles de niños y niñas en riesgo.