Madagascar afronta una crisis alimentaria y nutricional persistente impulsada por la combinación de sequías recurrentes, ciclones, pobreza y el encarecimiento de los alimentos. La situación es especialmente crítica en la región del Gran Sur, donde cientos de miles de personas tienen dificultades para acceder a una alimentación adecuada y se concentran gran parte de los casos de desnutrición aguda del país. Los fenómenos climáticos extremos afectan además al acceso al agua potable, la producción agrícola y los medios de vida de las familias más vulnerables.
Contexto humanitario
BENEFICIARIOS
Trabajadores
Seguridad alimentaria y Medios de vida
Nutrición
EXPATRIADOS
NACIONALES
Nuestra actividad
Acción contra el Hambre desarrolla una respuesta integral que combina nutrición, seguridad alimentaria, acceso al agua, salud, protección y apoyo económico para las familias más vulnerables. Nuestro trabajo se centra especialmente en la infancia, las mujeres embarazadas y lactantes y los hogares afectados por la inseguridad alimentaria.
Tratamos la desnutrición aguda a través de servicios especializados de nutrición con altas tasas de recuperación y reforzamos el acceso al agua potable mediante la construcción y rehabilitación de infraestructuras hidráulicas. Además, proporcionamos ayuda económica para que las familias puedan cubrir sus necesidades básicas sin recurrir a estrategias de supervivencia perjudiciales.
Una de las particularidades de nuestra intervención en Madagascar es el fuerte vínculo entre nutrición y resiliencia comunitaria. Apoyamos a miles de hogares para que produzcan sus propios alimentos mediante la entrega de insumos agrícolas y el fortalecimiento de la producción local. A través del proyecto Mifampibaby, promovemos una mejor nutrición durante los primeros 1.000 días de vida del niño, impulsando prácticas adecuadas de alimentación, el empoderamiento de las mujeres y la producción de alimentos nutritivos a nivel comunitario.
Asimismo, desarrollamos respuestas multisectoriales ante emergencias climáticas, restaurando el acceso al agua, apoyando la recuperación agrícola y proporcionando asistencia alimentaria, atención sanitaria y apoyo psicosocial a las poblaciones afectadas por sequías y otros fenómenos extremos. Este enfoque integral nos permite responder a las necesidades inmediatas de las familias mientras fortalecemos su capacidad para afrontar futuras crisis.