Senegal afronta importantes desafíos relacionados con las presiones económicas, como el aumento del coste de la vida y la fragilidad de los medios de subsistencia rurales basados en la agricultura y el pastoreo. Aunque la situación política se ha mantenido en general estable, muchos hogares pobres, especialmente en las zonas del Sahel, al norte y al este, siguen siendo vulnerables debido a las crisis climáticas, el aumento de los precios de los alimentos y la disminución de los ingresos agrícolas. Además, la migración estacional y el desempleo juvenil siguen aumentando la vulnerabilidad de muchas familias.
Aunque la situación alimentaria es más favorable que en otros países de la región, miles de personas continúan enfrentándose a situaciones de inseguridad alimentaria, especialmente en las zonas más expuestas a la sequía y a la volatilidad de los mercados. La reducción de las reservas de alimentos y las dificultades para generar ingresos aumentan la vulnerabilidad de los hogares más pobres.
La malnutrición sigue representando un importante desafío para la salud pública. Los niños menores de cinco años son especialmente vulnerables, al igual que las mujeres, afectadas por elevados niveles de anemia. Además, las limitaciones en las prácticas de alimentación infantil repercuten directamente en el crecimiento y desarrollo de la infancia.