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DANA de Valencia: el impacto en las personas mayores continúa dos años después

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Dos años después de la DANA de Valencia, sus consecuencias siguen presentes en la vida de muchas personas mayores. La pérdida de rutinas, espacios de encuentro y redes sociales ha aumentado el riesgo de aislamiento y soledad no deseada en algunos de los municipios afectados. Acción contra el Hambre trabaja en Albal, Catarroja, Picanya y Sedaví para reconstruir esos vínculos y favorecer el bienestar físico, emocional y social de las personas mayores de 65 años. 

La reconstrucción después de una catástrofe no termina cuando se reparan las calles, las viviendas o los negocios. El impacto de la DANA de Valencia en los mayores también alcanza aspectos menos visibles: las relaciones sociales, las rutinas cotidianas, la autonomía y los espacios donde las personas se encuentran y se sienten parte de una comunidad.  

Dos años después de la DANA que afectó gravemente a la provincia de Valencia, esta dimensión social de la recuperación sigue siendo especialmente importante para las personas de más edad. 

A través del programa Nutriendo Lazos, Acción contra el Hambre acompaña a mayores de 65 años de Catarroja, Picanya, Sedaví y Albal, municipios afectados por la emergencia, con el objetivo de prevenir la soledad no deseada y la inseguridad alimentaria y fortalecer sus redes de apoyo.

¿Cuál ha sido el impacto de la DANA de Valencia en las personas mayores? 

La DANA provocó daños materiales, pero también alteró profundamente la vida cotidiana. Para muchas personas mayores, la desaparición o interrupción de sus espacios habituales de actividad y socialización supuso perder una parte importante de sus rutinas y de sus relaciones personales.  

El caso de José María, vecino de Picanya desde hace 54 años, ayuda a entender esta realidad. Antes de la emergencia acudía varias veces por semana a la piscina municipal. La natación, el gimnasio y las actividades del centro no solo contribuían a mantenerle activo: también organizaban su semana y le permitían relacionarse con otras personas. 

La DANA interrumpió esa rutina y redujo sus oportunidades de encuentro. Gracias a su participación en Nutriendo Lazos, ha podido recuperar actividades y ampliar de nuevo su círculo social.  

Este tipo de situaciones muestra por qué el impacto de la DANA en los mayores va más allá de los daños físicos y económicos. Cuando desaparecen actividades, espacios comunitarios y puntos de encuentro, aumenta el riesgo de aislamiento y se debilitan las redes informales de apoyo.

La soledad no deseada, una de las consecuencias menos visibles

Tras una emergencia, reconstruir los vínculos puede ser tan importante para el bienestar como recuperar determinados servicios e infraestructuras. 

La pérdida de autonomía, el aislamiento y la soledad no deseada pueden, además, relacionarse con otras situaciones de vulnerabilidad. En las personas mayores, por ejemplo, la inseguridad alimentaria no depende únicamente de disponer de recursos económicos para comprar comida. También influyen cuestiones tan cotidianas como poder salir de casa, contar con apoyo cuando se necesita o tener con quién compartir una comida.  

Por este motivo, Nutriendo Lazos aborda de forma conjunta el bienestar social, físico y emocional. La iniciativa incluye talleres y espacios de encuentro relacionados con alimentación saludable, actividad física, activación cognitiva, descanso y bienestar emocional, además de actividades dirigidas a reforzar la conexión comunitaria e intergeneracional.  

95 personas mayores y 74 agentes comunitarios movilizados 

La recuperación pasa también por conseguir que las relaciones creadas continúen cuando finalizan las actividades. 

Hasta octubre de 2026, Nutriendo Lazos había llegado a 95 personas mayores de 65 años y había identificado y movilizado 74 agentes comunitarios y recursos locales en Albal, Catarroja, Picanya y Sedaví.  

El objetivo consiste en conectar a las personas mayores con vecinos, entidades sociales, profesionales y servicios municipales para construir redes capaces de mantenerse a largo plazo. 

De esta manera, la respuesta frente al impacto de la DANA de Valencia en las personas mayores evoluciona desde la atención inmediata hacia una recuperación comunitaria sostenida.

De la emergencia de la DANA a una recuperación a largo plazo

La intervención de Acción contra el Hambre en Valencia ha ido evolucionando conforme cambiaban las necesidades de las personas afectadas. 

En los primeros momentos de la emergencia, la organización desarrolló una respuesta urgente mediante comidas calientes y kits de emergencia. Posteriormente participó en trabajos de limpieza y recuperación de las condiciones de salubridad e higiene.  

En una fase posterior entregó Tarjetas de Ayuda Multipropósito a más de 1.500 personas, en coordinación con servicios sociales municipales, para facilitar el acceso a productos y bienes esenciales. Posteriormente se incorporaron actuaciones de empleo y emprendimiento y se estableció una presencia permanente en la provincia.  

Nutriendo Lazos representa ahora una nueva dimensión de ese proceso: reconstruir las relaciones, las rutinas y las redes comunitarias que también se vieron afectadas por la DANA de Valencia. 

Porque dos años después, la recuperación no solamente se mide en infraestructuras reconstruidas. También está en una actividad que vuelve, una amistad nueva, una persona que recupera sus rutinas o alguien que vuelve a encontrar un motivo para salir de casa.  

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