Jordania acoge a una de las mayores poblaciones de refugiados de la región, especialmente personas procedentes de Siria que, en muchos casos, residen fuera de los campamentos y dependen de empleos informales para subsistir. Esta situación se ve agravada por el aumento del coste de la vida, la presión sobre los servicios básicos y las consecuencias de las crisis regionales, que afectan tanto a la población refugiada como a las comunidades de acogida.
La escasez de agua, uno de los principales desafíos estructurales del país, supone una amenaza adicional para la seguridad alimentaria, los medios de vida y el desarrollo económico. Al mismo tiempo, muchas familias vulnerables encuentran dificultades para acceder a oportunidades de empleo estable, mantener ingresos suficientes y cubrir sus necesidades básicas, lo que incrementa el riesgo de exclusión social y deteriora su bienestar emocional.