Myanmar atraviesa una de las crisis humanitarias más profundas y complejas de Asia. Años de conflicto armado, desplazamientos masivos y el deterioro de los servicios básicos han dejado a millones de personas con dificultades para acceder a alimentos, atención sanitaria, agua potable y medios de vida seguros.
La situación se agravó tras un terremoto de gran magnitud que afectó especialmente a la región de Sagaing, donde miles de personas perdieron la vida o resultaron heridas y numerosas viviendas, hospitales, infraestructuras hídricas y servicios esenciales quedaron destruidos. El impacto del seísmo dejó a comunidades enteras aisladas y aumentó las necesidades humanitarias en zonas que ya se encontraban en una situación extremadamente vulnerable.
En estados como Rakhine, Kayah, Sagaing y Bago, los enfrentamientos y desplazamientos continuos han debilitado los sistemas agrícolas y reducido el acceso a los mercados, provocando graves dificultades para las familias que dependen de la agricultura para subsistir. En algunas áreas, la inseguridad alimentaria ha alcanzado niveles de emergencia, mientras que la población desplazada afronta una situación marcada por la incertidumbre, la pérdida de ingresos y el deterioro de su bienestar físico y emocional.