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Myanmar

Contexto humanitario

Myanmar atraviesa una de las crisis humanitarias más profundas y complejas de Asia. Años de conflicto armado, desplazamientos masivos y el deterioro de los servicios básicos han dejado a millones de personas con dificultades para acceder a alimentos, atención sanitaria, agua potable y medios de vida seguros.

La situación se agravó tras un terremoto de gran magnitud que afectó especialmente a la región de Sagaing, donde miles de personas perdieron la vida o resultaron heridas y numerosas viviendas, hospitales, infraestructuras hídricas y servicios esenciales quedaron destruidos. El impacto del seísmo dejó a comunidades enteras aisladas y aumentó las necesidades humanitarias en zonas que ya se encontraban en una situación extremadamente vulnerable.

En estados como Rakhine, Kayah, Sagaing y Bago, los enfrentamientos y desplazamientos continuos han debilitado los sistemas agrícolas y reducido el acceso a los mercados, provocando graves dificultades para las familias que dependen de la agricultura para subsistir. En algunas áreas, la inseguridad alimentaria ha alcanzado niveles de emergencia, mientras que la población desplazada afronta una situación marcada por la incertidumbre, la pérdida de ingresos y el deterioro de su bienestar físico y emocional.

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Nuestra actividad

Acción contra el Hambre trabaja en Myanmar para atender las necesidades más urgentes de las comunidades afectadas por el conflicto, los desplazamientos y las catástrofes naturales, combinando la respuesta de emergencia con acciones orientadas a fortalecer la resiliencia de las familias más vulnerables.

Tras el terremoto, pusimos en marcha una respuesta inmediata basada en la distribución de alimentos, kits de higiene y suministros esenciales para los servicios sanitarios, con especial atención a las zonas donde hospitales y centros de salud habían sufrido graves daños.

Desarrollamos programas de nutrición dirigidos a niños y niñas menores de cinco años y a mujeres embarazadas y lactantes, así como iniciativas de agua, saneamiento e higiene (WASH), salud mental y apoyo psicosocial, ámbitos especialmente importantes en comunidades afectadas por experiencias prolongadas de conflicto y desplazamiento.

Para reforzar la seguridad alimentaria, impulsamos soluciones adaptadas a contextos inestables, como el cultivo de especies de ciclo corto, huertos familiares en espacios reducidos y actividades productivas de bajo coste que permiten a las familias desplazadas generar ingresos incluso en situaciones de movilidad constante. Además, apoyamos la recuperación de mercados locales e infraestructuras comunitarias para facilitar el acceso a alimentos y servicios esenciales, al tiempo que fortalecemos las capacidades locales en salud mental y atención psicosocial para ayudar a las comunidades a afrontar las consecuencias del conflicto y del terremoto.

DÓNDE
AYUDAMOS

Ayudamos a 24,5 millones de personas anualmente. Trabajamos en 55 países de África, Asia, América Latina y Europa, los más amenazados por el hambre.

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