CUANDO LOS COORDINADORES DE UN PROYECTO DE ACCIÓN CONTRA EL HAMBRE EN GUYARA, EN EL OESTE DE LA INDIA, HABLARON CON SHILPA Y SU FAMILIA
quienes se dedican a la agricultura, asesorándoles sobre prácticas de Lactancia Materna Exclusiva (LME) y explicándoles la importancia del seguimiento del crecimiento del niño, sumado a una dieta nutritiva para la joven madre; descubrieron que la salud de Shilpa estaba comprometida debido a un mito sociocultural que le habían impuesto.
Cuando el equipo la visitó, estaba baja de energía y enferma. Era la segunda vez que enfermaba después de dar a luz. Su estado era muy preocupante pues podía llevarla a ser una madre desnutrida en una fase de su vida en la que sus necesidades nutricionales son elevadas y esenciales.
La razón de su mal estado nutricional era que su madre le había recomendado que solo comiera sémola, que favorece la digestión y el movimiento intestinal regular. Durante los primeros tres meses tras el parto, Shilpa sólo tomó sémola, nada más. Aunque la sémola es buena para la madre, la exclusión de otros nutrientes clave había creado un vacío nutricional, por lo que se nuestros equipos le aconsejaron que incluyera verduras de hoja verde, frutas, lentejas, pan de mijo o trigo, arroz, y otros alimentos en su dieta habitual. Gracias a estos cambios y el asesoramiento regular recibido, su dieta ha mejorado, lo que ha repercutido positivamente en su salud y el crecimiento y desarrollo de su bebé.
La ingesta inadecuada de nutrientes como calcio, folato, hierro, zinc y yodo puede provocar anemia, hemorragias e incluso la muerte de la madre. Si la madre no recibe una nutrición óptima durante la lactancia, su salud y el crecimiento y desarrollo de su hijo se verán afectados negativamente. En todo el mundo, la dieta de las mujeres se ve afectada por muchos factores: accesibilidad, asequibilidad, desigualdad de género, prácticas socioculturales... todo ello afecta a la dieta y las necesidades nutricionales de la mujer. Esta carencia nutricional, los suplementos de micronutrientes, el descanso, la atención y el apoyo psicológico son fundamentales para prevenir la malnutrición de las madres adolescentes y sus hijos, y por eso los coordinadores de Acción contra el Hambre realizan visitas domiciliarias a madres embarazadas y lactantes, y a los niños y niñas de hasta 2 años, para garantizar unos cimientos más sanos para su vida.