Voces de Gaza
Durante demasiado tiempo, la población de Gaza ha sobrevivido entre el miedo, los desplazamientos y la incertidumbre. A través de estos testimonios, recogidos por Acción contra el Hambre desde 2024 hasta hoy, hombres, mujeres y familias ponen voz a una crisis que va mucho más allá de las cifras: historias de pérdida, resistencia y lucha diaria por acceder a alimentos, agua y una vida digna.
Estas son algunas de las Voces de Gaza
Gaza,2024
Walaa (nombre ficticio por seguridad) Persona desplazada del norte de Gaza
“Empezaré por el inicio de esta guerra. En el norte y en la ciudad de Gaza, la gente comía comida para animales. Yo lo vi. Lo sé muy bien. Vi a la gente. Vi a las mujeres llorar por el olor de esa comida mientras intentaban preparar platos para sus hijos. Esperamos que esta situación termine, pero lleva más de un año sin cesar. Una escalada tras otra tras otra. Todo lo que se reconstruye en dos o tres meses vuelve a quedar destruido”.
Dalia (nombre ficticio por seguridad) persona desplazada del norte de Gaza.
“La gente se ve obligada a desplazarse de un lugar a otro. No tienen nada. Ni agua. Ni electricidad. Ni comida. Ni un lugar seguro. Se les traslada a la fuerza de un refugio a otro. Vimos a la gente aquí, en la ciudad de Gaza, tras la evacuación, sin nada en las manos. Llegan sin nada”.
Raghad, estudiante universitaria de 19 años, que se vio obligada a abandonar la ciudad de Gaza para vivir en una tienda de campaña en Rafah.
“Durante la guerra, todas las universidades de Gaza fueron bombardeadas y la educación se paralizó por completo. Como estudiante universitaria, me vi privada de mi derecho a la educación. Tenía muchas ganas de continuar mis estudios, conseguir un trabajo y seguir mi propio camino. Pero nadie dispone de los medios necesarios para vivir”.
Gaza,2025
Hanneen (nombre ficticio por seguridad), asesora de lactancia de Acción contra el Hambre.
“Las panaderías se ven obligadas a cerrar sus puertas ante personas hambrientas. Conseguir una barra de pan es ahora un mero sueño. Seguir con vida es un reto. Nunca imaginé que vería a niños con cuerpos frágiles cuyos estómagos retumban de hambre. Ni ver a una mujer recogiendo comida del suelo, ni a esas madres cuyos llantos se elevan, silenciosos, pero llenos de esperanza de que la crisis termine”.
Aya (nombre ficticio por seguridad), joven gazatí
“El mundo siempre ve a las mujeres de Gaza como víctimas. Cree que necesitamos que nos salven, pero no ve cómo lo damos todo por nuestros hijos y nuestros hogares. Las mujeres de Gaza son el pilar unas de otras: defensoras en primera línea de la vida misma. Veo cómo se apoyan mutuamente, cómo afrontan la angustia cuando alguien necesita ayuda o asistencia”.
CISJORDANIA, 2025
Safa, niña de 8 años
“Me da mucha pena no haber podido traerme mi diario cuando tuvimos que marcharnos de repente aquella noche. Solía escribir, dibujar y colorear mucho en él. No era un cuaderno normal; era de colores y tenía una llavita. No quiero otro diario, quiero mi diario, era especial”.
Gaza, 2026
Farah (nombre ficticio por seguridad), madre de seis hijos desplazada en la Franja de Gaza
“Los primeros días después de la escalada del conflicto, recuerdo la confusión, el miedo y las dudas sobre si marcharnos o quedarnos. Mi marido sacó las mantas que guardábamos encima del armario. Le dije que no hacía falta, convencida de que volveríamos pronto a casa, y solo cogí dos. Me arrepiento profundamente, porque fueron todo lo que tuvimos para dormir durante más de seis meses, en medio de un frío glacial”.
“Al principio de la guerra, mi cuerpo aún era capaz de aguantar. Ahora, nuestra vida cotidiana es una lucha constante por la supervivencia. Mis hijos pasan gran parte del día buscando cartón y plástico para utilizarlos como combustible y cocinar lo que haya disponible”.
“El periodo de hambre extrema coincidió con mi embarazo. Sufría mareos con frecuencia y me desmayé en la calle en varias ocasiones. Mis hijos se han debilitado de una forma alarmante. Incluso sus sueños y pesadillas giran en torno a encontrar agua y esperar su turno en la cola del comedor comunitario.
“Dormir se ha vuelto casi imposible. A menudo me paso horas despierta, preocupada por cómo voy a conseguir comida para mis hijos al día siguiente. Como la tienda es tan pequeña, mis hijos duermen apretujados y yo me paso gran parte de la noche despierta velando por ellos, con miedo de que entren ratas o perros callejeros en la tienda".
Aaliyah (nombre ficticio por seguridad), asistente de nutrición de Acción contra el Hambre en Gaza
“Yo vivía en un campamento de desplazados y, desde el momento en que llegué, me impliqué en ayudar a organizar el campamento. Llevamos a cabo campañas de limpieza y trabajamos juntos para mejorar nuestras condiciones de vida. Luchábamos constantemente contra los roedores y otros problemas. A lo largo de todos estos desplazamientos repetidos, seguí comprometida con mis responsabilidades dentro de la organización”.
“Hay personas a las que no he visto desde hace tres años. Nuestro aspecto ha cambiado, y las dificultades con el transporte y la comunicación nos han separado. Algunas personas han fallecido, y ni siquiera supe que habían muerto hasta mucho más tarde. Otras se marcharon de Gaza, y no sabía que se habían ido”.