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Líbano: Seis claves desde terreno

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La emergencia en Líbano no ha dejado de agravarse (a pesar del 'fragil' alto el fuego). La vida cotidiana de miles de personas sigue marcada por la incertidumbre, la escasez y el miedo.

Hemos hablado con nuestros equipos sobre el terreno, que son quienes están viendo —y viviendo— esta realidad cada día. A partir de su experiencia, compartimos seis claves que ayudan a entender mejor qué está ocurriendo y cuál es el verdadero alcance de la crisis desde un enfoque humanitario.

1. Sigue habiendo un conflicto armado en el Líbano

Nuestros equipos son claros: Líbano sigue inmerso en un conflicto armado. A pesar del alto el fuego temporal (prorrogado hasta el 16 de mayo) el conflicto sigue activo; las comunidades continúan expuestas a ataques aéreos, bombardeos, demoliciones y desplazamientos forzados.

“Vemos pueblos prácticamente aislados y zonas donde el retorno es imposible”, explican. En el sur del país, especialmente a lo largo de la denominada “Línea Amarilla”, decenas de localidades permanecen inaccesibles y bajo fuerte impacto militar. Incluso en zonas más al norte, las órdenes de desplazamiento siguen extendiéndose, afectando a nuevas comunidades.

2. El desplazamiento se está prolongando y es cada vez más invisible 

“Uno de los mayores errores es pensar que tras un alto el fuego la gente vuelve a casa”, relatan nuestros equipos. “Hay familias que nos dicen que quizás nunca podrán regresar”.

En terreno, se constata un patrón de desplazamientos repetidos: de aldeas a refugios, de refugios a casas de acogida, luego a habitaciones alquiladas o asentamientos informales. Este movimiento constante, 1,2 millones de personas desplazadas internamente, hace que muchas personas queden fuera de los sistemas formales de ayuda, volviéndose cada vez más invisibles. 

3. La destrucción de la infraestructura civil tendrá consecuencias a largo plazo.

“Lo que estamos presenciando no es solo una emergencia humanitaria hoy, sino el riesgo de una crisis mucho más profunda y duradera mañana.” La infraestructura civil ha sufrido daños a una escala que prolongará el desplazamiento y socavará la recuperación durante años.

“Cuando desaparecen los sistemas básicos para la vida, las personas no pueden volver, ni reconstruir sus medios de vida, ni recuperar su autonomía”, explican desde terreno. Sistemas de agua, centros de salud, carreteras, tierras agrícolas y viviendas han sido gravemente dañados o destruidos.

4. Niveles de destrucción profundamente alarmantes

Los equipos de Acción contra el Hambre describen como “profundamente alarmante” la magnitud y el patrón de destrucción, especialmente en el sur del país.

En localidades como Khiam o Bint Jbeil, la devastación es tal que pone en duda la posibilidad de un retorno seguro.

Para los equipos en terreno, esto determina si las familias podrán reconstruir sus vidas. La destrucción de viviendas e infraestructuras, junto con la presencia militar y las restricciones de acceso, configura un escenario que dificulta cualquier perspectiva de recuperación.

5. El hambre sigue creciendo pese al alto el fuego

Otra realidad que nos trasladan los equipos es clara: el alto el fuego no ha acabado con el hambre, casi una cuarta parte de la población se enfrenta a niveles graves de inseguridad alimentaria. 1,24 y 1,25 millones de personas en hambre aguda entre abril y agosto de 2026. Las familias reducen tanto la cantidad como la calidad de los alimentos, optando por dietas muy limitadas basadas en productos básicos como pan, arroz o lentejas. La situación es especialmente preocupante para los lactantes o bebés dependientes de leches de fórmula.

Los equipos cuentan como son testigos del colapso de los medios de vida, especialmente en la actividad agrícola, que se ha paralizado en muchas zonas por la inseguridad y la falta de acceso a la tierra. Agricultores que antes sostenían economías locales enteras se encuentran ahora sin ingresos, endeudados y obligados a vender sus bienes para sobrevivir.

6. Menos visibilidad no significa recuperación

Nuestros equipos advierten de un riesgo creciente: confundir la menor visibilidad de la crisis con una mejora real de la situación. Cuentan como la reducción de personas en refugios colectivos no implica que las familias hayan recuperado la normalidad. Muchas se han trasladado a alojamientos precarios, viviendas dañadas o espacios informales donde resultan menos visibles y por tanto más difíciles de identificar y apoyar. “El hecho de que no se vean no significa que estén mejor”, insisten.

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Mujer en refugio en Libano
Mujer en uno de los refugios en Líbano. Fotografía de Kamila Lakkis para Acción Contra el Hambre

Qué estamos haciendo desde Acción Contra el Hambre

Nuestra respuesta se mantiene, hemos apoyado ya a casi 70.000 personas en Líbano y continuamos adaptándonos a una crisis muy dinámica.

Nuestros equipos despliegan unidades médicas móviles, distribuyen alimentos, tratan la desnutrición, especialmente en niños y mujeres embarazadas, y trabajan para garantizar el acceso a agua y saneamiento, que son esenciales en contextos de hacinamiento.

Pero el mensaje desde terreno es contundente: el alto el fuego por sí solo no basta. No reconstruye hogares, no repara servicios básicos ni restablece los medios de vida.

“Las necesidades siguen siendo enormes y lo seguirán siendo durante mucho tiempo”.  Por ello nuestros equipos, insisten en la importancia de no perder de vista una crisis que, aunque menos visible, sigue profundamente presente.

 

 

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