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Gaza, tres años después: cinco claves para entender cómo una guerra destruye la capacidad de una población para alimentarse 

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Tres años después del inicio de la guerra en Gaza, la historia ya no puede resumirse únicamente en que el conflicto continúa. La verdadera dimensión de la crisis se encuentra en todo aquello que ha quedado roto durante este tiempo: la capacidad de cientos de miles de personas para acceder a alimentos, agua, medios de vida y servicios esenciales. Tres años después, comprender Gaza significa comprender cómo una guerra puede destruir progresivamente un sistema alimentario entero y prolongar el hambre mucho más allá de las fases más visibles de la emergencia.  

Antes del estallido del conflicto, la región se abastecía a sí misma y producía alimentos, permitiendo a la población acceder a una dieta regular con pan, carne y fuentes esenciales de proteína. Desde el inicio de las hostilidades, el acceso a estos alimentos con sustento se ha ido reduciendo de forma drástica hasta desaparecer prácticamente por completo. Las familias en Gaza sobreviven recurriendo a alimentos de escaso o nulo valor nutricional, consumiendo únicamente lo indispensable para no morir de hambre de inmediato.

 

1.El hambre no es únicamente la ausencia de comida. 

Cuando desaparecen los mercados, las cadenas de suministro, la agricultura, la pesca, el acceso al agua o la posibilidad de almacenar y cocinar alimentos, las familias pierden gradualmente la capacidad de alimentarse por sí mismas. El resultado es una crisis que afecta no solo a la nutrición, sino también a la salud, la dignidad y las perspectivas de recuperación de toda una población.  

“El foco informativo no debe limitarse al hambre actual, sino a la pérdida paulatina de la autonomía alimentaria. Cuando se destruyen las tierras de cultivo, los mercados y las infraestructuras de una región entera, los sistemas alimentarios no se recuperan de forma inmediata.”, afirma Jean Raphael Poitou, responsable de Incidencia de Acción contra el Hambre en Oriente Medio. “Su reconstrucción requiere un proceso prolongado en el tiempo durante el cual la población seguirá atrapada en una necesidad extrema.” 

 

2. El acceso al agua. 

La inseguridad alimentaria y la inseguridad hídrica están profundamente conectadas. Sin agua segura resulta imposible cocinar adecuadamente, mantener unas condiciones mínimas de higiene o prevenir enfermedades que agravan la desnutrición, especialmente entre la infancia. En Gaza, el 90 % de los hogares no dispone de acceso suficiente a agua segura, mientras que dos de cada tres no alcanzan siquiera el mínimo necesario para cubrir sus necesidades básicas.  

El acceso a letrinas se mantiene gravemente restringido para el 86 % de los hogares, siendo la falta de agua el obstáculo principal en el 54 % de los casos. Esta insalubridad provoca la proliferación de enfermedades como la diarrea, que aumentan la vulnerabilidad de la infancia y agravan su estado nutricional. Se estima que 74.200 niños y niñas de entre 6 y 59 meses sufrirán desnutrición aguda hasta mediados de 2027.  

 

3. Sobrevivir no significa recuperarse. 

Aunque las clasificaciones más recientes ya no reflejen escenarios de hambruna, la crisis dista mucho de haber terminado. Más de un millón de personas continúan enfrentándose a niveles críticos de inseguridad alimentaria y miles de niños y niñas siguen en riesgo de desnutrición. La recuperación sigue siendo extremadamente frágil y cualquier interrupción de la ayuda humanitaria puede revertir rápidamente los avances conseguidos. Para una familia, el hambre es decidir qué comida se puede poner hoy sobre la mesa. Por eso, que la palabra ‘hambruna’ deje de aparecer en una clasificación no significa que las familias hayan dejado de pasar hambre. “Conseguir una barra de pan es ahora un sueño. Seguir con vida es un reto. Nunca imaginé que vería a niños con cuerpos frágiles cuyos estómagos retumban de hambre”, lamentaba en 2025 Hanneen (nombre cambiado por motivos de seguridad), asesora de lactancia de Acción contra el Hambre en la Franja. 

 

4. Una infancia sin otra memoria que la guerra. 

Este tercer año también pone el foco en una generación de niños y niñas cuya infancia ha transcurrido casi por completo en un contexto de desplazamiento, inseguridad y acceso irregular a servicios básicos. Para muchos de ellos, la guerra no es una interrupción temporal de sus vidas, sino el entorno en el que están creciendo. Tres años después, las consecuencias de esta realidad marcarán a largo plazo la salud, la educación y las oportunidades de toda una generación.  

“La falta continuada de nutrientes esenciales durante este periodo altera su desarrollo físico, nutricional y cognitivo de forma duradera”, continúa Poitou. “Junto a los daños corporales, el ambiente permanente de desplazamiento y privación deteriora gravemente la salud mental de la infancia y de sus familias, expuestas a un entorno diario de insalubridad y riesgo.”  

 

5. Gaza como espejo de futuras emergencias 

Tres años después, el Territorio Palestino Ocupado ofrece una advertencia sobre el futuro. Lo que ocurre hoy muestra cómo la destrucción de infraestructuras críticas, las restricciones de acceso, la erosión del espacio humanitario y la dependencia creciente de la ayuda pueden convertir una emergencia en una crisis prolongada de hambre y recuperación incierta.  Esta realidad no se limita a Gaza: en Cisjordania, casi 41.000 palestinos se encuentran desplazados y la población afronta también restricciones de movimiento, inseguridad alimentaria y un acceso limitado al agua y otros recursos esenciales. Comprender la crisis en el Territorio Palestino Ocupado es, en gran medida, comprender algunos de los desafíos humanitarios que marcarán las crisis del futuro.  

Acción contra el Hambre se hace eco del sufrimiento de todos los civiles afectados por el conflicto. La organización reconoce el profundo impacto de los ataques perpetrados en Israel el 7 de octubre de 2023, que causaron numerosas víctimas mortales y mucho sufrimiento a muchas personas y familias, así como las devastadoras consecuencias que el conflicto posterior ha tenido sobre la población civil palestina en Gaza y Cisjordania, incluida Jerusalén Este, lo que ha provocado numerosas víctimas mortales, desplazamientos, problemas de protección y necesidades humanitarias. También pone el foco en el Líbano, donde la actual crisis humanitaria es una consecuencia directa de la escalada del conflicto.  

Ante esta realidad, la organización pide garantizar un acceso humanitario seguro y sostenido, proteger a la población civil y reforzar la respuesta nutricional, hídrica y alimentaria para evitar que una crisis que comenzó hace tres años siga condicionando el futuro de millones de personas.  

 

Historias que nutren: el terreno contado en forma de diario en el Círculo de Bellas Artes  

Las crisis humanitarias también pueden contarse de otra manera. En marzo de 2024, Cristina Izquierdo, coordinadora de Nutrición en Emergencias de Acción contra el Hambre, entró en Gaza con uno de los primeros equipos de respuesta humanitaria internacional tras la escalada del conflicto. Este 16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación, Cristina y otras siete personas vinculadas a Acción contra el Hambre llevarán al Círculo de Bellas Artes de Madrid sus historias en primera persona, en una propuesta innovadora que combina periodismo en vivo, narración oral y música.  Entradas a la venta en este enlace.  

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