Acción contra el Hambre accede a las zonas afectadas y pone en marcha la respuesta de emergencia
Dos semanas después de la catástrofe que asoló el valle del río Trishuli, en Nepal, Acción contra el Hambre y sus socios han puesto en marcha una respuesta de emergencia para ayudar a las poblaciones afectadas. A pesar de que las condiciones de acceso siguen siendo muy difíciles en las zonas afectadas, ya han comenzado los primeros repartos de ayuda alimentaria.
La respuesta de emergencia de Acción contra el Hambre se centrará prioritariamente en los municipios de Rasuwa y Nuwakot, que se encuentran entre los más gravemente afectados por la catástrofe. La organización tiene previsto prestar ayuda a cerca de 15 000 personas, prestando especial atención a las poblaciones más vulnerables, en particular a las familias desplazadas, los hogares que han perdido su vivienda y las personas con discapacidad. Esta asistencia incluirá, en particular, distribuciones de alimentos, acceso al agua, a la higiene y al saneamiento, apoyo en materia de refugios de emergencia, así como servicios de salud, nutrición y apoyo psicosocial.
«Las inundaciones han comprometido el acceso al agua potable: en unas cincuenta comunidades, las redes de distribución y las fuentes han quedado arrasadas. Por lo tanto, la prioridad actual es prevenir la aparición de enfermedades transmitidas por el agua, en particular el cólera, que sigue siendo endémico en Nepal», explica Julien Eyrard, responsable de Agua, Higiene y Saneamiento de Acción contra el Hambre. «Nuestros equipos van a instalar sistemas temporales de abastecimiento de agua a partir de fuentes seguras situadas en altitud, al tiempo que distribuyen letrinas de emergencia, kits de higiene y refugios para las familias afectadas».
Paralelamente, los equipos tienen previsto distribuir kits de refugio de emergencia a cerca de 1 000 hogares cuyas viviendas han quedado destruidas o gravemente dañadas por las inundaciones. Estos kits contienen el equipamiento esencial para que las familias puedan disfrutar de unas condiciones de vida seguras y dignas. Se pondrán en marcha clínicas móviles para garantizar el acceso a la atención sanitaria básica en las comunidades afectadas más aisladas.
A pesar de la puesta en marcha de este dispositivo de emergencia, numerosas localidades siguen siendo inaccesibles, lo que complica la evaluación de las necesidades y el envío de la ayuda humanitaria. «Las fuertes lluvias y las dificultades de acceso han obligado a nuestros equipos a posponer las primeras distribuciones. Algunas comunidades siguen siendo de difícil acceso y tememos que aún haya personas aisladas en las zonas más afectadas», señala con preocupación Julien Eyrard.
En estos momentos, continúan las operaciones de búsqueda y rescate. Con más de 1 250 fallecidos y más de 5 000 personas que siguen desaparecidas, estas inundaciones se cuentan entre las catástrofes más mortíferas que ha sufrido la región en los últimos años. Entre 40 000 y 50 000 personas se han visto directamente afectadas, de las cuales cerca de 2 000 hogares se encuentran hoy desplazados y sin medios de subsistencia.