GAZA: TRES AÑOS DE GUERRA,
MILLONES DE DÍAS DE HAMBRE
Mientras la atención internacional se desvanece, millones de personas siguen luchando cada día por sobrevivir.
¡No podemos abandonarles!
TRES AÑOS DESPUÉS, LA EMERGENCIA CONTINÚA
Cuando una guerra dura años, el hambre deja de ser una consecuencia temporal para convertirse en una realidad cotidiana.
Hoy, las familias de Gaza se enfrentan a una crisis que va mucho más allá de la falta de comida.
1. El hambre es perder la capacidad de alimentarse
Los mercados han desaparecido. Los cultivos se han destruido. La pesca, los medios de vida y las cadenas de suministro se han visto gravemente afectados.
Cuando una familia ya no puede producir, comprar o cocinar sus propios alimentos, pierde mucho más que una comida: pierde su autonomía y su dignidad.
2. Sin agua segura, la vida se vuelve aún más difícil
La falta de agua potable impide cocinar, mantener unas condiciones básicas de higiene y prevenir enfermedades.
Para miles de familias, conseguir agua es una lucha diaria. Y para los niños y niñas más vulnerables, esta situación aumenta el riesgo de desnutrición y enfermedad.
3. Sobrevivir no significa recuperarse
Aunque algunas de las peores previsiones de hambruna hayan disminuido, la crisis sigue presente.
Más de un millón de personas continúan enfrentándose a niveles críticos de inseguridad alimentaria. Cada día, miles de familias se preguntan si tendrán algo que poner en la mesa.
Porque seguir con vida no significa haber dejado atrás el hambre.
4. Una generación está creciendo entre la escasez y el miedo
Miles de niños y niñas han pasado gran parte de su infancia en medio del conflicto.
La falta de nutrientes esenciales afecta a su desarrollo físico y cognitivo. La incertidumbre, los desplazamientos y las condiciones de vida extremas dejan además profundas secuelas emocionales.
Cada día que pasa sin ayuda puede tener consecuencias para toda una generación.
5. Reconstruir una comunidad no ocurre cuando terminan los titulares
La recuperación de los sistemas alimentarios, el acceso al agua y los medios de vida puede requerir años de esfuerzo. Sin apoyo humanitario sostenido, millones de personas seguirán atrapadas en una situación de extrema vulnerabilidad.
1. El hambre es perder la capacidad de alimentarse
Los mercados han desaparecido. Los cultivos se han destruido. La pesca, los medios de vida y las cadenas de suministro se han visto gravemente afectados.
Cuando una familia ya no puede producir, comprar o cocinar sus propios alimentos, pierde mucho más que una comida: pierde su autonomía y su dignidad.
2. Sin agua segura, la vida se vuelve aún más difícil
La falta de agua potable impide cocinar, mantener unas condiciones básicas de higiene y prevenir enfermedades.
Para miles de familias, conseguir agua es una lucha diaria. Y para los niños y niñas más vulnerables, esta situación aumenta el riesgo de desnutrición y enfermedad.
3. Sobrevivir no significa recuperarse
Aunque algunas de las peores previsiones de hambruna hayan disminuido, la crisis sigue presente.
Más de un millón de personas continúan enfrentándose a niveles críticos de inseguridad alimentaria. Cada día, miles de familias se preguntan si tendrán algo que poner en la mesa.
Porque seguir con vida no significa haber dejado atrás el hambre.
4. Una generación está creciendo entre la escasez y el miedo
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PREGUNTAS FRECUENTES
Acción contra el Hambre se compromete a comunicarse con las personas e instituciones que hagan aportaciones finalistas, destinadas a proyectos concretos, sobre el proyecto o actividad apoyada y sus resultados.
Tus donaciones llegarán a proyectos de lucha contra las causas y los efectos del hambre. Salvarán la vida de niños y niñas desnutridos, y garantizarán a las familias acceso a agua segura, alimentos, formación y cuidados básicos de salud. En España trabajamos contra el desempleo y por la inclusión sociolaboral de personas con dificultades de acceso al mercado de trabajo.
Gracias a tus donaciones a nuestra ONG, llevamos ayuda a más de 26 millones de personas.
Así repartimos los fondos que recibimos según nuestros ejes de actuación: seguridad alimentaria y medios de vida (44% de los fondos), agua, saneamiento & higiene (2% de los fondos), salud (6% de los fondos), nutrición (17% de los fondos), inclusión social (8% de los fondos), reducción de riesgos de desastres (7% de los fondos) e incidencia (2% de los fondos)
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Porque ser transparentes no es sólo publicar nuestras cuentas, es uno de nuestros principios que vertebra nuestra organización y el trabajo que desempeñamos cada día.
Las auditorías de cuentas anuales, realizadas por Empresas como Deloitte y Ernst & Young, tienen lugar tanto en la sede como en los países en los que trabajamos. La financiación pública, de la que proviene el 80% de nuestros fondos, exige un estricto control y justificación no sólo sobre la utilización de los fondos sino también sobre la ejecución de los proyectos.
Acción contra el Hambre es, además, una de las pocas organizaciones que cuenta con un auditor interno permanente que reporta directamente al Patronato de la Fundación.
De cada 10€ que recibimos, 9€ euros van directamente a los beneficiarios en terreno y 1€ se destina a los gastos de administración y logística.